El 20 de febrero, Día Mundial de la Justicia Social, FEDAIA ha hecho un comunicado contundentsobre como las infancias y las adolescencias son el grupo de población más perjudicado por la desigualdad. Y los datos lo confirman. En Cataluña, el 36,5% de los niños, niñas y adolescentes se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social, más de 10 puntos por encima del conjunto de la población.

Esta realidad no es una anécdota ni una mala racha. Es un síntoma de un sistema que no está garantizando derechos ni igualdad de oportunidades. Y cuando esto pasa con la infancia, el coste es doble: el sufrimiento de hoy y las consecuencias de mañana.

Cuando una sociedad no protege su infancia, no solo falla en su responsabilidad pública, sino que también erosiona la cohesión social, la salud comunitaria y la confianza colectiva. Esto se traduce en trayectorias educativas interrumpidas, malestar emocional, soledades, precariedades cronificadas y oportunidades que se apagan antes de tiempo.

Sabemos que la desigualdad es un niño que no ha cenado, una familia que tiene que elegir entre comer o vestir, o una habitación compartida por demasiadas personas


Què quiere decir poner las infancias en el centro

PPoner las infancias en el centro no es un eslogan. Es tomar decisiones concretas, sostenidas y valientes: presupuestarias, comunitarias y de garantías de derechos.

FEDAIA apunta dos palancas claras:

  • Un aumento progresivo de los recursos destinados a infancia y adolescencia para acercarnos a la media europea (2,5% del PIB).
  • Una prestación universal por la crianza, en la línea de la Prestación Económica Universal para la Crianza (PEUC), defendida como una inversión y no como un gasto.

Y añade urgencias que ya son inaplazables: recursos para los servicios que acompañan niños y familias, mejor atención en salud mental y políticas de vivienda que garanticen estabilidad.

Lo que vemos cada día: la desigualdad tiene cara y nombre

Desde nuestra realidad, sabemos que la desigualdad no es un dato estadístico. Es un niño que no ha cenado, una familia que tiene que elegir entre comer o vestir, una habitación compartida por demasiadas personas, un desahucio que rompe rutinas y seguridades, un niño o niña que llega a la escuela cansado porque la noche ha estado larga.

Y también es el que no se ve tanto: la angustia sostenida, la vergüenza, la sensación de no encajar, la desconexión con el aprendizaje, la tristeza que se hace conducta, el silencio que se hace somatització.

Cuando la pobreza se instala, impacta en todo: en la salud, en el rendimiento escolar, en las relaciones, en la autoestima y en las expectativas. Y esto, si no se para, se cronifica y pasa de generación en generación.

La clave no se trata solo de atender necesidades inmediatas, sino de construir condiciones para que los derechos sean posibles


Nuestro modelo: acción comunitaria y atención integral para romper el círculo

Ante una pobreza estructural, las respuestas parciales no funcionan. Por eso, desde la Fundación Marianao trabajamos desde un modelo de atención integral y comunitaria. Acompañamos niños, adolescentes y familias conectando las dimensiones educativas, emocionales, sociales y comunitarias, porque las dificultades no se abordan nunca en un solo ámbito ni se resuelven con una única respuesta.

Acompañar, para nosotros, quiere decir generar espacios seguros y de pertenencia, donde cada niño y cada joven se sienta mirado y reconocido, sin estigmas. Quiere decir también reforzar vínculos educativos y familiares porque nadie tenga que sostener en solitario aquello que es estructural, y para que las familias puedan sentirse más acompañadas, más orientadas y con más herramientas para afrontar el día a día.

Quiere decir, además, activar alianzas en el territorio trabajando con escuelas, servicios, entidades y redes comunitarias porque la comunidad organizada complemente y acompañe, pero no sustituya aquello que corresponde a las políticas públicas. Todo ello con una mirada preventiva y de continuidad, para que el apoyo llegue a tiempo antes de que la exclusión se consolide y se cronifiqui.

Esta es la clave: no se trata solo de atender necesidades inmediatas, sino de construir condiciones para que los derechos sean posibles.

Alianzas y políticas públicas: una responsabilidad compartida

Nos sumamos al llamamiento de FEDAIA porque no podemos normalizar que más de un tercio de los niños vivan en riesgo de exclusión.

La comunidad puede hacer mucho, pero no puede hacerlo sola. Sin presupuesto sostenido, servicios garantizados y políticas redistributivas eficaces, las iniciativas locales quedan siempre en tensión: haciendo milagros para tapar agujeros que no tendrían que existir.

Por eso, hace falta un cambio de rumbo que sitúe las infancias en el centro: con inversión, con universalidad en el apoyo a la crianza, con salud mental accesible y con vivienda estable. Y hay que hacerlo no porque “nos va bien”, sino porque es justo, porque es derecho, y porque es futuro.

Si la justicia social quiere decir algo, tiene que empezar aquí: garantizando que ningún niño crezca con la vida en contra.