Cuando Shaila habla de su infancia, hay un lugar que aparece enseguida en sus recuerdos: el Casal Infantil de la Fundación Marianao. llegó con solo 4 años, junto con sus hermanos, y durante años formó parte del día a día de un espacio que, asegura, ha dejado una impronta profunda en su vida.

«Para mí, Marianao fue como una segunda casa. Era aquel lugar donde pasaba todas las tardes, donde ibas sin pensártelo y siempre te lo pasabas bien», recuerda.

Entre actividades, amistades y experiencias compartidas, Shaila creció en un entorno que le permitió descubrir nuevas oportunidades. Una de ellas acabaría cambiando su futuro: el baloncesto.

Fue al mismo casal donde le propusieron probar este deporte. Una invitación que aceptó con ilusión y que, con los años, se ha convertido en una parte fundamental de su trayectoria. Gracias a su esfuerzo, constancia y dedicación, ha conseguido combinar la exigencia deportiva con unos excelentes resultados académicos, hasta obtener una beca para continuar estudiando y jugando a baloncesto en los Estados Unidos.

Pero cuando mira atrás, los éxitos deportivos no son el único que destaca de su paso por Marianao.

«Del casal me llevo amigos que todavía hoy forman parte de mi vida, el cariño de las educadoras y un montón de valores que se han quedado conmigo hasta el día de hoy«, explica.

Las educadoras que la acompañaron durante aquellos años recuerdan una niña inquieta, curiosa y con muchas ganas de aprender. También destacan que, a pesar de todo el que ha conseguido, continúa manteniendo la misma proximidad, sencillez y manera natural de relacionarse con las personas.

Para Shaila, el Casal Infantil es uno de aquellos lugares que no se olvidan.

«Al final, el casal es de aquellos lugares que te marcan y que siempre forman parte de tú. Con orgullo puedo decir que formé parte de esta pequeña familia.»

Su historia es un ejemplo de como una oportunidad, una propuesta o una persona que confía en tú pueden abrir caminos inesperados. Pero también es la historia de los vínculos que perduran en el tiempo y de los espacios que, años después, continúan siendo un poco casa.