Durante décadas, la atención en salud mental ha sido marcada por un modelo centrado en la sintomatología y la estabilidad clínica. Un enfoque necesario en muchos momentos, pero a menudo limitado a la reducción de síntomas y vinculado en espacios institucionalizados.

Hoy el paradigma está cambiando. Se habla de poner la persona en el centro, de derechos, de proyecto vital, de participación. De mirar más allá de la enfermedad. Este giro, que hoy se presenta como innovador, hace cuarenta años que lo practicamos a Marianao.

Es importante tener un entorno donde pueda relacionarse, decidir, equivocarse y volver a intentarlo, que no la reduce a su diagnóstico



La comunidad como espacio de recuperación

A Marianao entendemos la comunidad no solo como un contexto, sino como una herramienta de transformación. No se trata solo de acompañar, sino de generar espacios reales donde las personas puedan reconstruir vínculos, identidad y proyecto de vida.

Esto se ve en el día a día. Cuando una persona deja de ser solo usuaria de un servicio para ser participante de un taller, voluntaria o parte activa de un espacio compartido. Cuando puede relacionarse, decidir, probar, equivocarse y volver a intentarlo en un entorno que no la reduce a su diagnóstico. La diferencia es profunda: no se trata de cuidar, sino de generar las condiciones para que la persona pueda desarrollarse.

Abrir los espacios, conectar realidades

A Marianao trabajamos para hacer posible esta mirada, generando espacios comunitarios abiertos donde personas con problemáticas de salud mental puedan participar en entornos inclusivos. Espacios que conectan la vida dentro de los dispositivos con la vida en comunidad, y que permiten que el proceso de recuperación se despliegue más allá de los contextos clínicos.

Cada vez más instituciones se suman. Alianzas como las que tenemos con Fundación Hospitalarias o con San Juan de Dios, a través de proyectos como el nuevo espacio comunitario para jóvenes de la Unidad Terapéutica Els Til·lers, responden a esta misma idea: complementar la atención clínica con experiencias reales de vida.

Salir del contexto de internamiento y participar en actividades comunitarias les permite reconectar con la vida cotidiana



Esto se concreta en situaciones muy diversas. Adolescentes ingresados a la Unidad de Crisis de Adolescentes (UCA) participan semanalmente en actividades como el taller de cocina o la radio, espacios que les permiten salir del rol de paciente y relacionarse desde otro lugar. En la misma línea, jóvenes de la Unidad de Alta Complejidad de Adolescentes (UACA), con trayectorias vitales complejas, encuentran en estos entornos una oportunidad para reconstruir vínculos y confianza.

También en el caso de los jóvenes vinculados a los Tilos, salir del contexto de internamiento y participar en actividades comunitarias les permite reconectar con la vida cotidiana, descubrir intereses y ampliar sus posibilidades de relación y participación.

Cuando esto pasa, no se trata solo de ocupar el tiempo. Se trata de volver a formar parte. Porque estas experiencias no son un añadido: forman parte del proceso. En salud mental, la recuperación no pasa solo dentro de los dispositivos, sino sobre todo cuando la vida vuelve a tener lugar fuera de ellos.

El trabajo comunitario no sustituye la atención clínica, pero amplía el marco y hace posible que la vida pase fuera de los dispositivos

De paciente a protagonista del propio proceso

Durante mucho de tiempo, la atención en salud mental ha sido marcada por miradas paternalistas y entornos rígidos, donde la persona tenía poco margen de decisión y tenía que adaptarse a sistemas poco flexibles. Cuando no lo conseguía, a menudo volvía a circuitos institucionales, en dinámicas de repetición.

Hoy sabemos que la recuperación pasa también para recuperar voz, derechos y capacidad de escoger. Y esto no depende solo de la persona, sino también del entorno que encuentra.

A Marianao esto forma parte de la manera de hacer. Ofrecemos un trato adulto, basado en la confianza y el respeto, y generamos espacios de participación reales donde todo el mundo puede encontrar su lugar y asumir un papel activo en su proceso.

Porque el trabajo comunitario no sustituye la atención clínica, pero amplía el marco y hace posible que la vida pase fuera de los dispositivos. Y esto no es solo una cuestión social: es también una apuesta por la salud colectiva.

Un modelo que funciona

Hoy se ponen nombres y marcos teóricos a este cambio de mirada. Y es una buena noticia. Pero más allá de las palabras, el reto es como se concreta. A Marianao esta manera de hacer no es nueva: forma parte de nuestra esencia. Sin grandes etiquetas, pero con una idea clara: la persona no es su enfermedad, sino alguien con derechos, vínculos y proyecto vital.

Quizás el que hoy denominamos innovación es, en realidad, el reconocimiento de una evidencia: la comunidad también cura. Porque recuperarse no es solo reducir síntomas, sino poder vivir, decidir y sentirse parte de algo. Y cuando esto pasa, no solo mejoran las personas. También se transforma la comunidad.

Si crees en el impacto del trabajo comunitario, súmate y ayúdanos a construir vínculos que hacen posible el cambio: hazte soci/a