El nuevo proyecto comunitario El Sarau, impulsado por la Fundación Marianao, ha empezado con una respuesta que ha superado todas las expectativas. Desde la apertura de las inscripciones el pasado 20 de abril, más de 120 personas ya se han inscrito, convirtiendo las Casas Comunitarias en un espacio vivo de encuentro y relación antes incluso del inicio de las actividades.
El que tenía que ser un punto de inscripción se ha transformado en algo más. Desde el primer día, personas haciendo cola antes de abrir, conversaciones espontáneas entre desconocidos y un ambiente de complicidad han marcado el inicio de un proyecto que ya está generando comunidad.
“Pensábamos que nos encontraríamos con un inicio tranquilo, pero 15 minutos antes de abrir ya había gente haciendo cola. Y desde entonces no ha parado de venir gente”, explica Bruno Ahufinger, responsable del proyecto.
Un espacio necesario que conecta con una realidad muy presente
Muchas de las personas que se han inscrito comparten una misma necesidad: encontrar espacios donde relacionarse, compartir y sentirse parte de algo. Durante las inscripciones, han estado habituales comentarios de agradecimiento, emoción y reconocimiento hacia la iniciativa.
“Hay mucha gente que nos dice que esto hacía mucha falta”, explican desde el equipo. “Personas que venden solas, que buscan conocer gente, y que se emocionan explicándonoslo”.
Con una edad media de más de 60 años, El Sarau está conectando especialmente con personas adultas y grandes, muchas de ellas de Santo Boi, confirmando el arraigo comunitario del proyecto. Además, la gran mayoría de participantes son mujeres, un indicador que apunta a la importancia de estos espacios de relación y apoyo en esta etapa vital.
Una programación que ya despierta interés antes de empezar
El Sarau arranca como una prueba piloto de seis semanas de actividad, con una programación de más de 40 talleres y propuestas pensadas para el bienestar físico, emocional y social. Actividades como baile en línea, yoga, meditación, cerámica, bricolaje, cocina o taichí forman parte de una oferta diversa que quiere responder a los intereses de la misma comunidad.
El interés ha superado todas las previsiones: muchas actividades ya han llenado plazas e incluso han generado listas de espera.
Mucho más que una inscripción
El proceso de inscripción, diseñado de manera presencial, ha estado también una apuesta consciente del proyecto. Lejos de ser un trámite, ha permitido conocer cada persona, escucharla y compartir un rato, generando un primer vínculo que ya forma parte de la experiencia. Además, una vez inscritas, las persones participantes podrán acceder en un espacio en línea desde donde apuntarse a las actividades, combinando así proximidad y herramientas digitales para facilitar la participación.
Este inicio también ha puesto en evidencia la fuerza del boca-oreja. A pesar de que inicialmente se preveía una participación mayoritariamente vinculada a la Fundación Marianao, la realidad ha sido otra: muchas de las personas inscritas son nuevas y han llegado a través de recomendaciones otros participantes. Los carteles han ayudado a hacer visible el proyecto en los primeros días, pero ha estado sobre todo la misma gente quién lo ha hecho crecer.
Para muchas personas, esta ha estado también la primera vez que entraban en las Casas Comunitarias. La reacción ha sido compartida: sorpresa y valoración muy positiva de un espacio que descubren como abierto, acogedor y vive. “Hay gente que nos preguntaba de donde sale este lugar, si es del Ayuntamiento… les ha sorprendido mucho encontrar un espacio así”, explican desde el equipo.
Comunidad antes de empezar
El Sarau empezará sus actividades el próximo 5 de mayo, pero el proyecto ya está pasando. En las colas, en las conversaciones y en las primeras conexiones entre personas que no se conocían.
Porque, más allá de las actividades, El Sarau nace con una idea clara: crear espacios donde las personas puedan encontrarse, vincularse y formar parte de una comunidad.
Y esto, en muchos casos, ya ha empezado.


